En marzo de 2024, el Journal of Cancer Research and Clinical Oncology publicó una revisión científica que vuelve a situar al hidrógeno molecular en el centro del debate biomédico. No como una moda pasajera ni como una promesa milagrosa, sino como una molécula con propiedades biológicas que están siendo estudiadas con creciente interés en el ámbito del estrés oxidativo y la regulación inmunológica.
El trabajo revisa decenas de estudios experimentales y clínicos para analizar qué sabemos realmente hoy sobre el hidrógeno y qué preguntas siguen abiertas.
Una molécula diminuta con comportamiento singular
El hidrógeno molecular (H₂) es la molécula más pequeña que existe. Esa simplicidad estructural le permite algo que otros antioxidantes no consiguen con la misma facilidad: atravesar membranas celulares y alcanzar compartimentos internos como la mitocondria, donde se genera buena parte del estrés oxidativo.
Desde 2007, cuando un estudio publicado en Nature Medicine describió su capacidad para neutralizar selectivamente radicales altamente reactivos, la investigación ha ido creciendo. La revisión de 2024 recoge esa línea de trabajo y profundiza en un punto clave: el hidrógeno no actúa como un antioxidante indiscriminado. No bloquea todas las especies reactivas de oxígeno, sino que parece dirigirse principalmente contra las más citotóxicas, como el radical hidroxilo o el peroxinitrito
Esta selectividad es importante. El organismo necesita cierto nivel de oxidación para la señalización celular normal. El problema surge cuando el equilibrio se rompe y el exceso de radicales libres empieza a dañar proteínas, lípidos y ADN.
Estrés oxidativo, inflamación y función celular
La revisión sitúa el papel del hidrógeno dentro de un contexto más amplio: el del estrés oxidativo crónico. Este fenómeno está implicado en procesos inflamatorios persistentes y en la disfunción mitocondrial asociada al envejecimiento.
En condiciones de desequilibrio redox, las células activan rutas moleculares vinculadas a inflamación y proliferación. El artículo describe cómo el hidrógeno podría modular algunas de estas vías relacionadas con la respuesta antioxidante y la regulación inflamatoria. No se trata de “apagar” el sistema oxidativo, sino de restaurar el equilibrio fisiológico.
El sistema inmune bajo la lupa
Uno de los aspectos más interesantes del análisis es el impacto potencial del hidrógeno sobre la función inmunológica. El exceso de estrés oxidativo puede afectar a las mitocondrias de las células inmunes y contribuir a su agotamiento funcional.
Algunos estudios clínicos citados en la revisión observaron que la administración de hidrógeno se asociaba a mejoras en parámetros relacionados con la actividad de linfocitos T y marcadores de agotamiento inmunológico. Los autores subrayan que estos datos deben interpretarse con prudencia, pero apuntan hacia una línea de investigación prometedora en el ámbito de la inmunomodulación.
La microbiota intestinal: una fuente natural de hidrógeno
Un capítulo especialmente interesante del trabajo aborda el papel de la microbiota intestinal. Nuestro organismo produce hidrógeno de forma natural a través de la fermentación bacteriana de la fibra. Este hidrógeno intestinal participa en el equilibrio del ecosistema microbiano y en la producción de metabolitos clave para la homeostasis inmunológica. La revisión plantea la hipótesis de que esta producción endógena podría actuar como una barrera fisiológica frente al desequilibrio oxidativo.
Es decir, el hidrógeno no sería un elemento extraño al cuerpo humano, sino una molécula integrada en su dinámica metabólica.
¿Qué implicaciones tiene esto para la salud cotidiana?
La investigación sugiere que el equilibrio oxidativo es un pilar central del envejecimiento saludable. El interés por el hidrógeno molecular se enmarca precisamente en esa búsqueda de herramientas que ayuden a mantener la homeostasis redox sin interferir con los mecanismos fisiológicos normales.
Entre las vías estudiadas de administración se encuentra el agua rica en hidrógeno, una forma práctica de incorporar la molécula en la rutina diaria de hidratación. La concentración efectiva, la estabilidad del gas disuelto y la calidad del sistema generador son factores determinantes en este contexto.
Lo que parece claro es que el hidrógeno molecular ha dejado de ser una curiosidad bioquímica para convertirse en un objeto serio de estudio dentro de la fisiología del estrés oxidativo.
En un contexto donde la inflamación crónica, la fatiga celular y el envejecimiento metabólico preocupan cada vez más, la ciencia continúa explorando cómo esta pequeña molécula puede contribuir al mantenimiento del equilibrio interno.
Y en salud, como en casi todo, el equilibrio suele ser la clave.
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Bibliografía
Zhou W., Zhang J., Chen W., Miao C. (2024). Prospects of molecular hydrogen in cancer prevention and treatment. Journal of Cancer Research and Clinical Oncology, 150:170. https://doi.org/10.1007/s00432-024-05685-7



